martes, 20 de junio de 2017

Fue historia: Vic Alexander

A mediados de los años '90, a la par del fútbol, el básquet fue el otro gran motor deportivo para que Ben Hur trascendiera a nivel nacional. Así fue que nos preguntamos por qué no retratar alguno de los jugadores que vistieron la casaca del Gladiador rafaelino durante casi quince años de competencia profesional -entre TNA y Liga Nacional- en el baloncesto. Obviamente aquí no vamos a reflejar el paso de aquellos basquetbolistas más reconocidos y que lo han hecho con mucho éxito en nuestra institución. Nada de Leo Gutiérrez, Nano Posetto, Raymundo Legaria o Diego García, por nombrar algunos consagrados en el club. De todos ellos conocemos bastante. En cambio nosotros preferimos indagar en el prontuario pasado de los que han pisado el parquet tanto del 17 de Junio como del Coliseo del Sur y han quedado en el olvido. Así, el primer apuntado es el corpulento norteamericano Vic Alexander. Pero antes de meternos en la vida y obra (?) del morocho extranjero, haremos una breve reseña de los primeros pasos de la BH en el básquet profesional para ir metiéndonos en clima. Bajo el mando de Oscar Zanuzzi, en junio de 1995, se conquistó la Liga Federativa “C” y el consiguiente ascenso a la Liga Nacional “B”, que por aquel entonces era la tercer categoría del país. Pero ese mismo año, casi de manera fortuita, surgió la posibilidad de dar un salto más gracias a que Libertad de Sunchales vendía su plaza en el Torneo Nacional de Ascenso debido a problemas económicos. La dirigencia de la BH no dudaría un segundo y compraría el lugar de los aurinegros para escalar hasta la segunda divisional. El Lobo emprendería, en muy poco tiempo, inumerables cambios para poder participar de la nueva competencia. El gimnasio de calle Saavedra sería rebautizado como estadio 17 de Junio, se instalaría el piso de madera flotante (que ya era requerimiento obligatorio para disputar la Liga “B”) y gradas alrededor del rectángulo de juego para albergar unas mil doscientas personas aproximadamente. Durante las dos primeras temporadas del Lobo en el TNA, el equipo tuvo un muy buen rendimiento finalizando en la cuarta y tercera posición de la tabla general en cada torneo. Precisamente en el campeonato del 96/97, Ben Hur quedaría a un paso de la final tras caer agónicamente en el quinto juego de la serie semifinal ante Newell's. Por todo esto, en el certamen siguiente, el conjunto rafaelino ya era de entrada uno de los candidatos de fierro para el ascenso a la Liga Nacional. Para esta la nueva categoría, otra gran novedad sería la contratación de jugadores extranjeros para “jerarquizar” los planteles. Los primeros norteamericanos en arribar a Rafaela serían Frederick West, en la 95/96, y el experimentado Clarence Hanley, para la 96/97. Por su tamaño, la mayoría de los yanquis venían a cubrir el puesto de “centro” o pivot en todos los equipos. El arranque del torneo 97/98 encontraría a la BH con una plantilla totalmente renovada. Pablo Nocioni y los hermanos Luis y José María Gianotti serían los únicos sobrevivientes de la Liga Federativa “C”. Apuntando al ascenso, se contrataría a muchos jugadores con experiencia en Liga Nacional: el base Juan Manuel Iglesias, proveniente de Estudiantes de Bahía Blanca; el escolta rafaelino Mauro Rotschy, ex Pico Foot Ball Club de La Pampa; Diego Manteca Martínez Prego, jóven alero de Boca Juniors; y el Flaco Walter D'Alessandro, ala pivot con pasado en el Deportivo Roca de Río Negro, Boca y Santa Paula de Gálvez. Además continuaba en el equipo Mauricio Pipío Pedemonte, que aportaba vértigo y explosión desde la banca. A pesar de renovarle el contrato a Mamita Hanley, éste sólo disputaría la primera rueda de la Zona Norte, es decir los primeros siete juegos de esa temporada, y se marcharía. Fue entonces que surgió el nombre de Victor Alexander para sustituirlo en el cupo foráneo. Al principio, muy poco se sabía de Vic. Sólo que contaba con un físico de gran porte -menos atlético que los anteriores- y que había jugado tres temporadas en la máxima división del básquet nacional: dos años en Regatas de San Nicolás (del 94 al 96) y uno en Estudiantes de Olavarría (96/97) donde había coincidido con el recordado, y lamentablemente fallecido, Alejandro Coronel. Nada extraordinario. Se dijo que había estado en Puerto Rico, España y Japón, pero nada lo certificaba. Algunos lo confundían con otro Victor Alexander, nacido en Michigan y con pasado en la NBA (Golden State Warriors hasta ese momento y Detroit Pistons más tarde). De hecho hay registros que lo sitúan jugando para el Bataraz de Olavarría en la misma campaña. Pero claramente no fue así. Y más allá de la diferencia de ambos con respecto a su segundo nombre (Tyrone en nuestro homenajeado y Joe en el exitoso con pasado en la NBA), otro aspecto que los diferenció claramente fue su contextura física. A primera vista, el morocho nacido en el estado de Pennsylvania era una especie de mini Shaq, aunque el mítico O'Neal le llevaba 14 centímetros de diferencia y unos 37 toneladas kilos, sin contar la abismal disparidad de talento entre uno y otro, claro está. Aún así, sus tan sólo 2,02 m lo convertían en un jugador potente en la zona pintada. Pero lo más intimidante (?) de nuestro protagonista era su peso. Los 110 kilos que señalaba su ficha eran muy poco creíbles apenas llegó a nuestra ciudad. Se le notaban varias barbacoas de más en su físico, lo que hacía que sus desplazamientos fueran más lentos que los de la Bruja Verón ante Inglaterra en el Mundial 2002. Esa temporada pintaba mal desde el principio y no cambiaría demasiado con la llegada de nuestro amigo Vic. La primera rueda de la fase inicial de la Zona Norte se llevaría puesto a Cacho Zanuzzi por los malos resultados. Aldo Sebastián Marchesini asumiría la conducción del equipo a partir de la novena jornada del grupo, en la derrota 94-85 en Sáenz Peña ante Sokol. En los siguientes cotejos, el Lobo repuntaría con cuatro victorias al hilo, triunfando ante Instituto (94-87), Central Entrerriano (79-76) y La Unión (87-74) como local, y contra Ñuls en Rosario (80-66). Esa seguidilla exitosa coincidiría con la llegada de Alexander. El gigante surgido en la Universidad de Ohio, pareció ser la pieza que faltaba para llevar a Ben Hur dentro de los cuatro primeros que clasificaban al TNA-1. Pero el equipo fallaría estrepitosamente en la fecha final ante Libertad en el clásico lechero. Con un calor y una humedad agobiantes en Sunchales, la BH jugaría uno de sus peores partidos en el básquet profesional (el partido completo pueden verlo acá). La aplastante derrota 72-51 definía con exactitud lo que había sucedido en el parquet. A pesar de un buen arranque, la desconexión entre Vic y el resto del equipo fue evidente. Su poderío en la llave se fue diluyendo con el correr de los minutos al mismo tiempo que sus compañeros aislaban al norteamericano del juego ofensivo. En cada tiempo muerto pedido por Marchesini, los gestos de Alexander para con sus teammates eran indisimulables y ponchados una y otra vez por las cámaras de TyC Sports. Aquella tarde, y a pesar de una pobre actuación, sus números demostrarían que fue el goleador del equipo con 16 puntos aunque desde la línea de libres sólo lanzaría cascotes al aro para un flojísimo 10% (1 de 10). El nacido en Filadelfia poco pudo hacer
para contener a su compatriota aurinegro, Malru Dottin, y debió rebuscárselas con rebotes ofensivos para entrar en juego. Ben Hur quedó condenado a jugar el TNA-2 junto a Central Entrerriano, Sokol, Instituto, Racing de Avellaneda, Lanús, Independiente de Neuquén y la UBA. Los de Marchesini pudieron mejorar mucho en ese segundo semestre, consiguiendo la permanencia una fecha antes y ganando el TNA-2. En octavos de final, ya pensando en la pelea por el ascenso, se mediría con un viejo conocido: Newell's. En una serie para el infarto, donde el Lobo lo tuvo match point luego de empezar perdiendo el primer round en Rosario, la Lepra lo eliminó en el quinto y decisivo juego. Como un año antes, los rojinegros eran nuestros verdugos. Esa frustrada campaña sería una bisagra para lo que vendría y derivaría en una renovación total del básquet benhurense con la asunción de Guillermo Narvarte como nuevo entrenador. Apenas concluida la temporada, Vic dejaría el club sin interés -de ambas partes- por extender el vínculo. Sus números en Rafaela no fueron tan malos como se podría pensar. Se pueden rescatar sus 18.1 puntos por partido y 8.8 rebotes en un total de 27 juegos disputados. Aunque no se puede dejar pasar su pobrísimo 25% desde la línea de libres. ¿A donde fue a parar luego de su incursión por nuestra ciudad? Algunos registros hablan de una nueva aventura en Chile. Allí jugaría en la antigua Liga Dimayor (“División Mayor del Básquetbol”) para el Deportivo Valdivia y sus estadísticas serían diametralmente opuestas, con unos asombrosos 30.4 puntos y 17.7 rebotes por encuentro. Y por si esto fuera poco, algunas crónicas trasandinas aseguran (?) que el hermano gemelo defectuoso de Shaquille O'Neal -una especie de Hugo Simpson- llegó a marcar 50 puntos en un cotejo. Pero hay más. Tras esas dos temporadas, Valdivia se coronó campeón por primera y única vez, en 2001, aunque sin contar con nuestro homenajeado en sus filas. Sin embargo, sería tentado para volver una vez más en 2002. Su arribo se transformaría en un novela, con muchas idas y vueltas y con el pivot alegando “problemas familiares y de trabajo” para justificar su demora en retornar a Sudamérica. Los chilenos se cansaron y
optaron por otros extranjeros. A decir verdad, quizás su entrenador en Valdivia, Marcos Guzmán, fue quien le terminaría bajando el pulgar. De hecho, el coach le dispararía con munición gruesa ante los medios locales: “Yo dije muchas veces que no quería a Victor Alexander más en el equipo, por su desidia para trabajar. Pocas veces iba a entrenar y cuando iba se sentaba, entonces yo considero que es una burla para todos los que estamos trabajando en esto” (Revista Deportemas, página 5, 2002). Tal vez estos aspectos del norteamericano conspiraron para que su carrera pudiera ser más exitosa en cada uno de los lugares donde estuvo. Todo indica que en Chile puso punto final a su trayectoria. De vuelta en los Estados Unidos, los últimos años se dedicó a entrenar al equipo femenino del Columbus College. Vic dejó su huella en Ben Hur, más allá de su fugaz estadía por barrio Mosconi. ¿Quién no recuerda cruzárselo en alguna esquina de la ciudad, con su andar cansino y su pulgar siempre arriba ante cada saludo?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buena info, gracias en nombre a los que no vivimos esos años

Soy BH dijo...

¡Gracias por leernos! ¡Abrazo benhurense!

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