sábado, 5 de noviembre de 2016

Fue historia: el 5-1 en el Coloso

Esta vez no vamos a retratar la historia de un jugador. Esta vez vamos a retroceder en el tiempo para recordar uno de los partidos más importantes en la historia de Ben Hur. Quizás no representó un campeonato, pero sí fue una bisagra para lo que vendría. Y ese encuentro no fue un cotejo cualquiera. Porque cuando enfrente el rival es otro club de la ciudad, el significado de un triunfo es mucho más que tres puntos. Y si de algo puede vanagloriarse el hincha benhurense es de haber visto su equipo ganar en partidos trascendentales ante los otros cuadros del mismo pago. Ya lo dijimos antes. El fútbol del Lobo resurgió en la década de los '90 y, a partir de allí, se convirtió en un grano en el culo hueso duro de roer para los otros “grandes” de la ciudad. La BH rompió la dicotomía que reinaba en Rafaela hasta los años '80, entre julienses y cremosos. Por ello hablaremos del tan famoso y recordado 5 a 1 a 9 de Julio en el Goloso Coloso de calle Ayacucho -todavía no había sido rebautizado como Germán Soltermam-, correspondiente al Torneo Argentino “A” 2002/03. ¿Por qué fue tan relevante y evocado? Porque más allá de la goleada, la única que registra el historial entre ambos, definió el destino de unos y otros en aquella temporada. No fue una final, pero lo pareció. Antes de recordar lo estrictamente referido a aquella tarde del domingo 30 de marzo de 2003, es necesario contextualizar lo que llevó a unos y otros a vivir aquel choque como si fuese el pasillo que conduce a la silla eléctrica. Quizás no entremos tanto en los detalles del partido propiamente dicho, seguramente cada uno tendrá su recuerdo al respecto de lo que sucedió durante los noventa minutos, pero sí trataremos de ir desmenuzando algunos pormenores (?) de lo que aconteció en la previa. El campeonato arrancó con la ilusión y el objetivo que año a año revoloteaba por barrio Parque Ilolay: lograr el ascenso. Pero esa ilusión también se iba transformando en una mochila bastante pesada a medida que transcurría el tiempo. Un testimonio de esto eran los recurrentes saludos (?) para las familias de Sergio Giovagnoli y del Gordo Palma en cada derrota y/o eliminación de los hexagonales finales. Por aquel entonces, aún sin los graves coletazos de la crisis financiera de la Mutual, Ben Hur invertía muchísimo tanto en fútbol como en básquet. Y esa temporada no sería la excepción, con futbolistas que ganaban lo mismo o más que otros colegas de divisiones superiores. A pedido de Daniel Veronesse, el club se reforzó con jugadores de experiencia y algunos con paso en la Primera División. Con los delanteros José Luis Marzo y Juan Manuel Suligoy; más el regreso del arquero Horacio Del Carlo como principales incorporaciones, el Lobo volvía a relucir el rótulo de candidato. El Torneo Apertura, desarrollado en el segundo semestre de 2002, fue bastante aceptable, a pesar de haber quedado fuera del octogonal final sólo por la diferencia entre partidos a favor de Racing de Córdoba. Y para el Clausura, la cosa pintaba mejor desde el arranque. Los dos triunfos del comienzo, ante Ñuñorco y General Paz Juniors, ambos en condición de local, puso a los hinchas por las nubes. Sin embargo, todo sería un espejismo. Cinco derrotas al hilo, incluyendo una en el Parque ante el “9”, puso al equipo no sólo fuera del siguiente octogonal sino que además lo metió en la lucha por no descender. Algo inédito para el club en los siete años que llevaba en la categoría. Antes de la caída con Juniors en Córdoba, la que sería la quinta en fila, la dirigencia había ratificado en su puesto a Veronesse hasta el final de la competencia. Pero en el mundillo (?) del fútbol argentino se sabe que, cuando una comisión directiva “respalda” a un DT en la cuerda floja, ese apoyo termina siendo menos creíble que la virginidad de Wanda Nara. El martes 18 de marzo, dos días después de la derrota ante el Poeta cordobés, Carlos Alberto Trullet asumía la conducción táctica del primer equipo con la colaboración del profe Diego Burkhard y de Paco Gerold como ayudante, ambos integrantes del anterior cuerpo técnico. ¿Qué pasó con Veronesse? El Dany continuaría unos meses más al frente del equipo liguista para luego mudarse a Tucumán, ya que aceptaría dirigir a Ñuñorco de Monteros. Pero antes de irse le tiró una bombita a los jugadores: “El plantel me abandonó”. Resultaba bastante obvio que los dirigentes ya tenían todo cocinado con Trullet desde mucho antes. Con este panorama, Ben Hur debía prepararse para afrontar las últimas tres jornadas, frente a Tiro Federal de Rosario -futuro campeón del torneo-, 9 de Julio y Racing de Córdoba. Tres partidos chivísimos. Como primera medida, el Cabezón decidió indultar al Loco Del Carlo y Marcelo Asteggiano, ambos no tenidos en cuenta por el anterior DT en los últimos encuentros. Aún así, Trullet no tocó demasiado la alineación para la primera de las tres finales. En un cotejo que tuvo más nervios y pierna fuerte que buen fútbol, la BH sólo rescató un punto en el Parque. Durante la primera mitad, el Loco Marzo había puesto en ventaja al Lobo aprovenchando un mano a mano que le quedó gracias a que la defensa rosarina tiró mal el achique. Había que bajar la persiana pero Ben Hur no lo hizo. Cuando se moría el primer tiempo, el Colorado Pablo Vacaría clavó un cabezazo inatajable para Martín Sanchís y estampó la igualdad que sería inalterable hasta el final del match. A pesar del mal juego, la presión y los nervios, el debut de Trullet sirvió para cortar la nefasta racha precedente. Y así llegamos al tan esperado derby rafaelino. Las dos escuadras arribaron con casi las mismas urgencias. La BH se encontraba con algo más de aire, a tres unidades de Gimnasia y Tiro de Salta, entonces uno de los equipos en zona de promoción (ver imagen de tabla anexa). En cambio, el “9” ya estaba en terapia intensiva y con respirador artificial anteúltimo, a cinco puntos del Lobo y en
descenso directo. Los julienses, dirigidos por nuestro queridísimo bigotón La Volpe Héctor Rudi Viotti, venían tirando manotazos de ahogado desde hacía un buen tiempo. Para ser más precisos, algunas semanas atrás, los de calle Ayacucho reclamaron los puntos del partido que habían perdido ante el Racing cordobés argumentando la inclusión indebida de un futbolista del equipo de la Docta. Pero el Consejo Federal los mandó a correr carreras de Midgets desestimó el pedido, por presentarlo “fuera de tiempo y forma”. Sanchís; Restelli, Emmert, Sabia y Azoge; Andermatten, Autino, Giaccomini y Di Diego; Balmaceda y Marzo, fueron los once titulares que presentó Trullet la histórica tarde en el cajón de manzanas Coloso. Con la misma tónica típica de los clásicos, el partido sería intenso, de dientes apretados y poco fútbol. Pero a diferencia de otros derbies, en este sí habría situaciones de riesgo. Y muchas. Desde el principio hasta el final, la iniciativa la tendría Ben Hur. Si bien en el arranque sólo controlaría la pelota sin llevar peligro hasta el arco defendido por Diego Gianotti, con el correr de los minutos la BH empezaría a cascotearle el rancho. En un principio, y al mejor estilo Bilardo, Viotti trató de neutralizar a los delanteros visitantes con marcas personales. Daniel Gutiérrez sobre Martín Di Diego, Guillermo Bravo con Juan Ramón Balmaceda y Martín Pic encima de Marzo. Sin embargo, todo sería en vano para el gatito comilón León. El Lobo lo aplastaría a goles, gracias a una efectividad que había perdido en los anteriores encuentros. Con un doblete del Loco, otro de Andermatten y uno de Silvio Azoge, Ben Hur le daría una paliza histórica al juliense. Los locales sólo atinarían a una tibia respuesta gracias al descuento de Samuel Ingaramo, un ex BH. Y cuando esto sucedió, Damián Rogelio Funes Mori Andermatten sepultó las ilusiones julienses en tan sólo un minuto. Primero, tras un córner desde el costado derecho, anticipando a toda la defensa en el vértice del área chica y metiendo un cabezazo al ángulo. Después, en menos de sesenta segundos, aprovechando un contragolpe donde sólo tuvo que empujarla cuando el arquero ya estaba vencido. Con la goleada consumada, La Barra del Sur no quería dejar las gradas (?) de calle Ayacucho montando un carnaval azul y blanco. "Las caras de los locales lo decía todo: tristes, con la cabeza gacha, algunas mujeres secándose las lágrimas", retrató Adrián Gerbaudo en su crónica para el Diario Castellanos. El Lobo le escapaba definitivamente a la promoción y hasta cerraría la temporada con otro gran triunfo, esta vez por 2 a 0 ante Racing de Nueva Italia. Enfrente, la historia sería bien distinta. El "9" necesitaría un milagro que nunca llegaría. Su victoria ante Juniors en Córdoba, en la última jornada, serviría muy poco. A pesar de la derrota de Estudiantes de Río Cuarto ante Cipolletti, Independiente de Villa Obrera tumbaría a Luján de Cuyo y lo terminaría de condenar al Argentino “B” donde pasaría las siguientes dos temporadas. En cambio, para Ben Hur aquel 5 a 1 fue el trampolín para un futuro que traería consigo el tan ansiado ascenso a la “B” Nacional de 2005. Pero el corolario más importante que dejaría este histórico choque sería la personalidad de unos y otros para afrontar estos encuentros definitorios. Justo a casi una década de haber perdido la Reválida ante Atlético, 9 de Julio volvería a arrugar sucumbir en una "final" doméstica.

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