miércoles, 31 de agosto de 2016

Pedemonte recordó su paso por Rafaela

El ambiente mendocino por estos días está acaparado por lo que significa la presencia de la Selección Argentina de Fútbol con Leonel Messi a la cabeza y compañía. En las calles de una de las ciudades las lindas del país, sino la más linda…, todo es celeste y blanco. Apenas arribamos a Mendoza, previo acuerdo de logística, uno de los hijos pródigos de esta tierra nos recibió en su segundo hogar el Club Mendoza de Regatas, para brindarnos un recorrido digno de los mejores guías turísticos. Mauricio Nelson Pedemonte fue nuestro anfitrión. El alero que entre el ´96 y el ´98 vistió la camiseta de Ben Hur en el Torneo Nacional de Ascenso. Dueño de un apellido que en la ciudad tiene su peso lógico por la piedra basal que su propio padre sembró, siempre ligado a la americana. Pipío, como lo conoce el mundillo del parquet, nos recibió con la humildad que en aquellos días solía mostrar en el gimnasio 17 de Junio, solo que ahora el gigante de casi 2 metros trae en su bolso exquisitas anécdotas de años en el TNA y Liga Nacional. "En Regatas cumplí una etapa de 6 años jugando desde los torneos locales hasta llegar a pelear las finales del TNA. Luego de eso, el club fue bajando el presupuesto hasta el ´96 que es cuando se decide no participar. Ante esa novedad, los clubes participantes del certamen se anotician y es ahí cuando me llega la oferta para ir a Ben Hur. Tuve que tomar una decisión difícil en ese momento para mí porque yo, además de estar estudiando en la universidad, venía de un lugar en el cual estaba muy cómodo. Pero las ganas de apostar por dar un paso hacia adelante en lo deportivo, me empujó a irme. Por suerte hasta el día de hoy no me arrepiento de aquella decisión porque encontré gente que aún conservo como grandes amigos"
- Formaste parte de dos grandes equipos en ese tiempo, ¿qué recordás como sobresaliente de esa etapa?
- "Ese equipo era un conjunto en formación. Estaba en una etapa en que iba camino a lo que fue, una especie de transición si se quiere porque tenía que adaptarse a una nueva circunstancia. En la segunda parte aparecieron chicos como Andrés Del Sol, los hermanos Gianotti, Juan Iglesias, Diego Prego, Walter D´Alessandro, Waldemar Cardona, Quincy Alexander y Aldo Marchesini, sin dejar de mencionar también a un gran amigo como fue Franco Moral con quien vivíamos juntos en Rafaela. Esa experiencia fue más profesionalizada porque incluso ganamos buenos partidos a Libertad de Sunchales con quien se había armado cierta rivalidad. Luego de la temporada me volvieron a hablar para que continuara pero no sé bien qué pasó ya que a mí me hubiera encantado seguir, pero a veces factores externos contribuyen a que las cosas tomen otro carril".
- ¿Qué te aportó el básquet en tu formación personal?
- "El deporte me ha dejado todo. Para mí fue una escuela de vida. Yo vengo de una familia netamente deportista ya que traigo ese gen desde mi abuelo pasando por mi padre hasta mis tíos y primos. Yo siempre digo que el rectángulo de juego es la vida misma porque ahí te mostrás realmente cómo sos. Aquello de que se juega cómo se vive, es tal cual. Considero que muchas sino todas las situaciones que me plantea la vida yo las he vivido antes en un rectángulo de juego y humildemente no encuentro nada que supere eso".
- Apelando al entrenador que sos hoy, ¿pensás que las condiciones de un deportista se pueden generar o eso resulta del talento nato y solo queda pulirlo?
- "Creo que la tendencia actual, y de la cual nunca tenemos que apartarnos, es que los chicos tienen que ser completos desde bien chiquitos. No hay que ponerlos a jugar en una posición determinada o por su altura ponerlos cerca del cesto. Hay que brindarles todas las herramientas posibles. Hoy el jugador tiene que saber hacer todo. No importa que mida 2,10m solamente, también es necesario que sepa picarla que sepa pasarla, saber cuándo y cómo defender o atacar, cómo hacer un tiro de frente, tener una buena técnica de lanzamiento. Pero físicamente también hay que estar preparado. Para mí es necesario ser un atleta más que un mero deportista, porque sino el resto te saca ventaja. Aparte es fundamental estar fuerte mentalmente, tener la cabeza bien puesta es parte de ese trabajo que tal vez no se ve pero que soluciona un montón de problemas que van surgiendo o mejor, evita que surjan".
- Volviendo a tu paso por Rafaela, ¿qué recuerdos te invaden de la ciudad?
- "Hace mucho que no voy por allá, sobre todo porque el Mono Gianotti no me está invitando -bromeó Pedemote y luego siguió-. Siempre él y su familia me trataron de la mejor manera por lo que guardo un especial afecto a todos ellos. Creo que pasaron 15 años de la última vez que visité Rafaela. Recuerdo que vivía con Franco Moral y cuando nos levantábamos para ir a entrenar, después seguro íbamos a comer de Titi Bosco. A la tarde después del descanso pasábamos por los supermercados de camino como para despejar un poco la mente. Algún que otro asado en las quintas, pero lo lindo que recuerdo es que todos nos reconocían y nos alentaban en la calle. Guardo un gran afecto por toda la gente de esa ciudad".
- Noto cierta reciprocidad de tu parte para con el afecto que el rafaelino nos reconoció para contigo… 
- "Creo que ese debe ser el objetivo de vida de cualquier ser humano. En mi caso, más allá de lo deportivo, la intención siempre fue dejar una marca como persona. Saber mostrarse como uno es tal cual y siento de la gente de Rafaela lo mismo para conmigo. Otra de las personas que no puedo dejar de mencionar es Tato Costamagna quien para mí está en el podio de los mejores preparadores físicos que he tenido en mi carrera. Por suerte las redes sociales hoy nos mantienen a todos algo más en contacto y por ahí es más fácil". Con claros gestos de emoción que compartimos, Pipío Pedemonte se despidió no sin antes mostrarnos al detalle las instalaciones del Club Mendoza de Regatas. Todo un embajador…

FUENTE: Castellanos.

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