28/4/17

Una asamblea, muchos interrogantes

“Una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante”, sostuvo alguna vez el filosofo y escritor británico Aldous Huxley. Acertadamente esta frase puede amoldarse a la realidad que convive con el Club Sportivo Ben Hur desde hace más de una década. Porque quizás los éxitos deportivos han maquillado, en más de una oportunidad, infinidad de desprolijidades y malos manejos que no sólo han repercutido en el aspecto financiero de la institución, sino también en la imagen que la entidad destila hacia el resto de la comunidad. Si bien es real que los constantes vaivenes de una economía como la argentina hacen mella en cualquier entidad deportiva, es igualmente cierto que muchos equipos pudieron sobrellevar estas vicisitudes y encaminar sus entidades a un puerto seguro, guiados por proyectos serios de constante orden y crecimiento. No hace falta irse muy lejos para observar esto último. En contrapartida, Ben Hur arrastra, como una enfermedad crónica, infinidad de desaciertos que han derivado en el deterioro de los logros obtenidos. Semanas atrás, el diario Castellanos publicó una elocuente nota donde se resumía algunas de las dificultades que atraviesa el club en los últimos tiempos y la increíble incertidumbre que se presentaba en el futuro inmediato en la entidad. Resultaba doloroso observar la insólita lista de desatinos que la actual conducción cometió y, aún hoy, continúa haciendo. Desde las demandas de ex empleados (incluyendo deudas con directores técnicos), pasando por el alejamiento de varios futbolistas de inferiores sin la obtención de réditos económicos, hasta la inaudita situación donde algunos jugadores del Federal “B” debieron improvisar canilleras de cartón en un cotejo definitorio de la Copa Argentina y en la cual sería muy fácil echarle la culpa al utilero. Duele mucho percibir que todas estas circunstancias se repiten cíclicamente y que el esfuerzo de nuestros deportistas no se ve acompañado de un consecuente apoyo dirigencial. Podríamos agregar infinidad de ejemplos que se han reproducido constantemente durante esta gestión, del ayer y del hoy, en la cual muchos de sus miembros vienen participando desde hace más de una veintena de años. ¿O acaso alguien puede obviar la gran cantidad de “papelones” que se cometieron en los diferentes períodos a lo largo de estos años? Parece muy lejano en el tiempo aquella renuncia masiva en septiembre de 2006, luego de las siete derrotas consecutivas en la “B” Nacional, que derivó en una acefalía de la institución y a la cual tuvo que hacerse cargo un grupo de ex dirigentes y deportistas encabezados por Juan Carlos Boglione. Pero al tomar las riendas del club, aquella agrupación se vio sorprendida por la descomunal deuda heredada y ocultada... Muchos jugadores que figuraban como patrimonio de la institución aunque en realidad no lo eran; sueldos atrasados de empleados; patrocinadores que huían; internas en las subcomisiones del fútbol y del básquet; cacerolazos por el corralito de la Mutual; caos y más caos. A fines de aquel año, entre la puja por una posible venta de Claudio Bustos a México para iniciar el salvataje económico de un club que ya no podía sostener a dos planteles profesionales (el de fútbol y el de básquet), una nueva asamblea de socios dictaminó el retorno de los que antes habían renunciado y figuraban como los máximos responsables de la crisis. Sí, leyó bien. Aquellos que habían pegado el portazo tres meses antes, volvían a tomar el timón del barco, un barco lleno de agujeros y con pocos botes salvavidas. No hubo elección ya que sólo se presentó una lista. Lo más triste fue que en aquella reunión, como en muchas otras, sólo medio centenar de socios se acercaron para decidir el futuro del club. La mayoría sólo prestaba atención a los resultados del fútbol y del básquet. Los que quisieron cambiar el rumbo, con aciertos y errores, de la institución tiraron la toalla. Un año y medio después, ya con el descenso futbolístico consumado y el básquet profesional herido de muerte, otra vez los mismos que venían guiando al club desde larga data pegaban el portazo. Entonces Juan Carlos Gramaglia, hombre del básquet y perteneciente a esa misma gestión, se hizo cargo del “muerto”. La entidad siguió piloteando entre fuertes turbulencias, con otros dos descensos más a cuestas (el del básquet y el del fútbol al Argentino “B”), regalando la plaza del TNA; la firma de un convenio con Colón de Santa Fe que jamás evidenció progresos; la cesión de varios juveniles a otro club rafaelino que contradecían el pacto con los santafesinos; y una nueva y extensa lista de equivocaciones que depositaron a Ben Hur cada vez más lejos de los primeros planos deportivos. En 2010 el actual oficialismo, el único oficialismo, el de ayer, el de hoy, el de siempre, volvió a tomar las riendas de la institución. El balance deportivo-económico-institucional no evidenció progresos. El club prosiguió amarrado a una cultura del “atar todo con alambres”, de improvisaciones, de encerrarse para adentro, de cada vez menos apoyo por parte de sponsors locales y foráneos, de tener un equipo naufragando en la tan denostada cuarta categoría de ascenso sin despertar el interés de los medios de comunicación (hoy ninguna radio de la ciudad transmite los partidos de Ben Hur en el Federal “B”), de tener el básquet relegado al amateurismo con un estadio modelo usualmente semivacío, de facturas de servicios impagas (por ende, vestuarios sin agua caliente), reclamos salariales de los empleados... Este panorama parece inverosímil teniendo en cuenta que en la última campaña del Federal “B” la BH se quedó en las puertas de un ascenso. Los excelentes rendimientos que registró el fútbol benhurense, desde la llegada de Gustavo Barraza, han dejado en un segundo plano los desbarajustes dirigenciales que continuaron siendo moneda corriente en el club. Pero, al indagar un poco, terminan aflorando una vez más los despropósitos enumerados anteriormente. Es así que queda en evidencia que los buenos resultados son producto de ingentes esfuerzos de los jugadores y cuerpo técnico y no de políticas deportivas serias que estimulen el desarrollo de nuestros atletas. No sorprende que muchos futbolistas deseen buscar otros horizontes, aún en campañas positivas como la última. Ahora bien, más allá de lo previamente expuesto, surge una inexorable pregunta, o varias... ¿Por qué? ¿Por qué siguen manejando el club los mismos dirigentes desde hace más de una década? ¿Por qué no se presentan alternativas al oficialismo? ¿Por qué quien dejará la presidencia seguirá comandando la Mutual, principal acreedor del club, y además continuará ligado a la subcomisión de fútbol? ¿Por qué las asambleas son meras formalidades con escasa concurrencia de socios? Estamos seguros que este último interrogante sea la principal respuesta a las anteriores incógnitas y a todos los dislates antes descritos. Y aquí es donde debemos hacernos cargo todos los hinchas, los socios y no socios, incluido quien escribe humildemente estas líneas sin más afán que el de pretender el desarrollo y el progreso de Ben Hur. Esta noche se efectuará una nueva asamblea para “renovar” autoridades. Algo que debería ser primordial, para toda la familia benhurense, casi ni se ha informado desde la institución. Da la sensación de que mientras menos se sepa o difunda, mejor. Seguramente todo prosiga tal como está. Y los socios, los hinchas, somos responsables. Nadie más. Las comparaciones suelen ser odiosas, pero muchas veces sirven para ejemplificar porqué algunos están donde están, o les va cómo les va. Hace poco más de una semana, La Opinión entrevistó al presidente de Libertad, Eduardo Grosso, donde exponía la difícil situación financiera de los sunchalenses. Lo relevante, más allá del sinceramiento institucional de una situación económica complicada, ha sido cómo la dirigencia del Cañonero decidió mostrar el crucial panorama a sus socios e hinchas. “Siempre de alguna manera la pasión parece desbordar la razón y hoy es tiempo de razonar antes de ponernos pasionales. Por eso citamos a reuniones informativas. El lunes hicimos la tercera, con sondeos de opinión. Fueron más de 80 personas, nos puso bien esto, se escucharon opiniones y posiciones”, expresó Grosso en el reportaje. En Ben Hur, en cambio, todo ocurre de una manera diametralmente opuesta. No existen tales reuniones informativas ni convocatoria para que los socios se acerquen para contribuir con la entidad. Todo se resuelve entre gallos y medianoche. De igual forma, los socios e hinchas tampoco hemos exigido aquello y sólo nos conformamos con ir a la cancha para alegrarnos o entristecernos por un resultado deportivo. La asamblea, que esta noche se realizará en una de las sedes del club (posiblemente en el Centro Cultural de calle San Lorenzo), seguramente proclamará la continuidad de esta administración. Dependerá de nosotros que la dirigencia, la actual y las próximas, lleven a Ben Hur por el buen camino. Porque en definitiva, el club no es de una sola persona o de una familia. El club es de los socios. Hagámoslo valer.

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