domingo, 5 de marzo de 2017

Fue historia: Diego Maier

Corrían tiempos en los cuales David Beckham ya era una superestrella consolidada del planeta fútbol, pero por sobre todas las cosas era el paradigma del jugador moderno. Es decir, aquel futbolista que no sólo poseía atributos dentro de un campo de juego sino también en el mundo de la moda. Imponía su estilo desde el momento en que se ataba los botines, al saltar a la cancha, pero también fuera de ella. Todos querían parecerse a él, en su corte de cabello, en su manera de vestirse, en su forma de ser. Atrás habían quedado los recios jugadores que sólo dedicaban su tiempo a sacarle punta a los botines para castigar algún adversario. Muy probablemente, el inglés fue el primero en sacarle provecho a sus dotes físicos para obtener réditos económicos como celebridad y estrella. Era el prototipo del deportista-metrosexual. Tan marketinero fue -y lo sigue siendo- que el británico ha hecho fortuna tanto a nivel deportivo como publicitario. El año al cual nos referimos es el 2001 y, una vez más, usted lector se preguntará que carajo tiene que ver Beckham con Diego Rafael Maier, el protagonista de este artículo y otro de los tantos baldoseros que pasó por Ben Hur. Bueno, la cuestión es que este jugador esperancino clase 1981, emuló los pasos del ex galáctico del Real Madrid, salvando las kilométricas distancias entre uno y otro, por supuesto. Sus inicios los tuvo en las inferiores del humilde club Bartolomé Mitre de su Esperanza natal y al poco tiempo despertaría el interés de Unión de Santa Fe que se lo llevaría a su cantera. Como si fuera poco, su debut en la Primera División del Tatengue sería en un derby ante Colón por el Torneo Apertura 2000. En aquel clásico que terminaría 2 a 2, disputado en el Cementerio de los Elefantes, Maier jugaría sólo el último cuarto de hora del cotejo, después de reemplazar a Matías Donnet. Pero así como tendría un debut soñado, éste sería el único partido en la elite del fútbol nacional en toda su carrera. Madelón, el DT del Tate de esa temporada, no lo tendría en cuenta para el Clausura 2001 y sólo tendría algo de rodaje en la Reserva del conjunto santafesino. Como Unión le debía dinero a la Mutual de Ben Hur -unos 600 mil dólares-, el equipo de la capital provincial decidió ceder a varios de sus jugadores, sin lugar en el primer equipo, a barrio Parque Ilolay para así canjear la deuda. Muchos no querían venir, como fue el caso del arquero Rodrigo Llinás que se opuso en un principio pero que al final no le quedó más remedio que mudarse al sur de la ciudad. El guardavallas fue el primero en arribar a Rafaela. De hecho, defendería el arco benhurense en el amistoso disputado el sábado 13 de octubre de 2001 en el estadio 15 de abril, donde el Lobo pisó fuerte y derrotó 2 a 1 a los suplentes tatengues. En realidad, esa mañana se jugaron dos tiempos, uno de 60 minutos y otro de 45. En el primero, la BH venció 2 a 0 y en el complemento los albirrojos lo hicieron por la mínima. Ese día, en el segundo período, el equipo alternativo de Unión formó con Nereo Fernández en la valla; Pipo Desvaux, Chapu Braña, Medrano y Ferrero en la defensa; Chiavarini, Diego Maier, Lescano y Bolzán en el medio; Israilevich y el Flaco Frutos arriba. Al parecer Sergio Giovagnoli, el head coach de Ben Hur, quedó obnubilado (?) con el volante esperancino y le abrió las puertas para recibirlo en su team. El viejo Ángel Malvicino no dudó y le puso un moño en la cabeza la firma a otro préstamo para que la deuda de los santafesinos se reduzca. Por esos años el Lobo se reforzaba incesantemente con los descartes de Colón y Unión. Esa temporada, por ejemplo, en el plantel estarían Juan Carlos Betancor, Martín Román y Silvio Azoge, todos ex sabaleros y Leonardo Sciacqua, el cual había vestido ambas casacas. El domingo 11 de noviembre, la BH debutaría una vez más en el Argentino “A” ante Patronato de Paraná como local. Aquella tarde, donde Ben Hur goleó a los entrerrianos por 3 a 0 -con un doblete del Toni Zorzenón y uno de Montalbetti de penal-, también sería el debut de Diego Maier con la azul y blanca. Ese arranque prometedor, una vez más, se iría diluyendo en el transcurso del campeonato. Nuestro protagonista iría a la par del rendimiento del equipo. Muchas veces sería titular y algunas lesiones y/o sanciones lo marginarían del once. En múltiples ocasiones alternaría con el Tato Autino o César Riberi en el medio. Con algunos pasajes de irregularidad, que terminó por llevarse puesto a Giovagnoli, Ben Hur finalizaría en la tercer ubicación del Grupo “B” y accedería al tan ansiado Hexagonal Final ya con Daniel Veronesse sentado en el banco de los suplentes. En el medio quedaría una puja entre el plantel y la dirigencia por un recorte en los sueldos, debido a la crítica situación económica que aquejaba al país por aquellos días. De hecho, los jugadores terminarían aceptando una reducción del 20% de sus haberes en enero de 2002. El Lobo volvería a decepcionar en el tramo final de la lucha por el ascenso. En los últimos diez partidos sólo podría ganar dos (con Juventud Unida de San Luis y Ñuñorco de Tucumán, ambos de local) y quedaría lejísimo de la CAI de Comodoro Rivadavia, el nuevo campeón y ascendido a la “B” Nacional. En su paso por la BH, Maier jamás llegaría a dejar su nombre en el tanteador. Sólo dejaría su sello con algunas buenas murras a los delanteros contrarios. Al finalizar ese torneo, su préstamo expiró y debió retornar a Santa Fe. Unión no lo tuvo más en sus planes y lo dejó libre. El esperancino, ahora con el pase en su poder, decidió hacer la gran Homero Simpson agarrando un globo terráqueo para elegir su próximo destino: Uraguey Panamá. Científicos de la Universidad de Cambridge (?) aún no pudieron resolver el gran enigma del por qué este picapiedras futbolista escogió tal exótico país. Algunos registros dicen que Dieguito se inscribió como jugador libre en AFA y que el club Plaza Amador -uno de los gigantes (?) del fútbol panameño- lo ubicó por internet. La cuestión es que los centroamericanos buscaban un enganche, un número diez, y nuestro queridísimo Flaco Maier les respondió que era una mezcla de Cruyff, Zico y Maradona. Argentinidad al palo, diría el Pelado Cordera. Ni lerdo ni perezoso el ex BH, al ver la ingenuidad de los caribeños, les recomendaría también la contratación de Sergio Giovagnoli como DT. Así fue como en agosto del '02 arribaría al famoso istmo y sería compañero de otros argentos que también choreaban jugaban allí: Rodrigo Caballero, un arquero cordobés; Víctor Suárez, un lateral derecho; Guillermo Rodríguez, marcador izquierdo y ex Instituto; y Gustavo Favalli, centrodelantero que venía de General Paz Juniors. En su primera temporada ahí, Maier se consagraría campeón nacional demostrando lo pedorro que era el fútbol panameño sus cualidades en el mediocampo, raspando y metiendo a cuanto rival se le cruzara. Más allá de las aguas cálidas y cristalinas, el sol y las morenas que se paseaban a toda hora por las playas, el volante decidió irse hasta Bolivia para probarse en el Independiente Petrolero en los primeros meses de 2003. Al no tener el visto bueno del conjunto del altiplano debido a su juego brusco (?), optaría por regresar a Panamá para vestir la casaca del San Francisco FC hasta 2005 aunque tuvo un par de interrupciones en el camino. Primero un fugaz regreso al Plaza Amador y luego de vuelta en Santa Fe para entrenarse un tiempito en Unión allá por enero del '05, aunque Daniel Silguero, entrenador de los santafesinos, le cerraría las puertas. Así, siempre con el pase en su poder, volvería otra vez a su lugar en el mundo: Panamá. En su regreso a Centroamérica, este volante argentino se pondría la camiseta del Alianza FC hasta 2008 junto a Julio César Capretta, otro trotamundos cordobés con pasado en Juniors y Unión Aconquija. Y hasta allí llegarían sus reportes futbolísticos. Al parecer, el esperancino culminaría prematuramente su carrera deportiva para poder explotar sus virtudes (?) físicas en el mundo de la moda. Y es aquí donde nuestro personaje adquiere relevancia para convertirse en un 'Beckham del subdesarrollo'. Así comenzó a aparecer en revistas promocionando todo tipo de indumentaria y también desfilaría por las pasarelas panameñas al mejor estilo Iván de Pineda. Se lo podría ver ya sea disfrazado de cowboy, en ropa interior o con vestimentas que ningún ser humano con dos dedos de frente se pondría vanguardistas (?). El esperancino hizo del país centroamericano su hogar para establecerse definitivamente. Como si esto del modelaje no fuera suficiente, Dieguito se atrevería, en 2013, a fundar su propia academia de fútbol para chicos. La Maier Class S.A. sería el destino de miles decenas de niños panameños buscando convertirse en el Messi Julio César Dely Valdés del futuro. Hoy Diego Rafael Maier es el presidente y CEO de su escuelita de fútbol que logró tener un reconocimiento importante en el país del canal. Para sorpresa de muchos (?), el nombre del esperancino no figuró en ninguna lista por el escándalo de los Panamá Papers.

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